Sin igualdad, no hay libertad.
Tengo que hacer una confesión. Comencé este curso con reservas, creyendo que poco o nada me podría aportar porque pensé que ya me lo sabía todo, pero me parecía una forma interesante de ponerme en contacto con otras personas de pensamientos afines, una manera de crear sinergias entre gente comprometida con mantener los valores por los que he luchado hasta el día de hoy, y que he intentado por todos los medios transmitir a mis hijos. Creía que no había nada nuevo que aprender, que ya hacía todo lo posible por no discriminar a nadie por razón de sexo, edad, sufrir algún tipo de discapacidad, etc... pero qué equivocada estaba. No tanto en mi forma de pensar respeto al convencimiento de que todos somos iguales y transparentes bajo la piel, ni en creer que "la igualdad es el alma de la libertad" como bien decía la escritora Frances Wright, sino en la manera de entender como se ven a sí mismas las personas que sufren o han sufrido discriminación por algún motivo. Desde mi puesto d...